"Mis implantes se han convertido en parte de mí, ya ni siquiera pienso en ellos. Una vez colocados no suponen ninguna molestia porque se cuidan igual que los dientes propios, así que al cepillarse o utilizar el hilo dental se olvida uno de si es un diente o un implante. La sensación es que son un diente más."

Matiel, 67

"Mi vida ha cambiado porque ahora no tengo que pensármelo dos veces antes de sonreír. Puedo saludar a la gente con toda tranquilidad, y me encanta cuando me dicen: «Qué sonrisa tan agradable». Trabajo diariamente de cara al público, y eso hace que tenga que sonreír mucho. Así que me siento mucho más relajada en el trabajo y me he vuelto mucho más extrovertida."

Matiel, 67